domingo, 8 de febrero de 2015

Capítulo 6: El chico

En mitad de la calle y a plena luz del dia, iba caminando un chico, inmerso en sus pensamientos. Era alto, pasaba facilmente el metro ochenta y cinco de altura. Llevaba una sudadera, con la capucha puesta y con su cabeza mirando hacia el suelo mientras sus manos reposaban sobre el gran bolsillo que tenía la sudadera.

Caminaba con una tranquilidad incierta y a un paso relativamente apurado, aun así el ir a esa velocidad no parecia suponerle el menor esfuerzo. Su pantalon negro y ancho parecía hacer un ruido al caminar, aunque este era inperceptible.

Su paso comenzó a acelerarse a los pocos, si bien el no parecía cansarse por ello, quizás sus zapatillas de marca estuviesen ayudando a que esto fuese posible, sin embargo en realidad la fuerza extraordinaria que poseía este chico era la que influía tajantemente en que su cansancio fuese mínimo.

El chico paró delante de una gran casa y elevo su cabeza. Comenzó a caminar cuando

-Perdone, esto es una propiedad privada esta prohibido el pas-

Antes de que aquel guardia de seguridad pudiese acabar su frase, el chico ya le había noqueado, por lo que el guardia se encontraba inconsciente en el suelo.

El chico continuó su camino como si nada hubiese pasado, llegó a la puerta y empezó a mirarla fijamente, luego se alejó unos cuantos metros de ella mientras sacaba su mano izquierda del bolsillo. Esta agarraba una granada de mano de la que quito la anilla de seguridad, lanzó hacia la puerta y corrio un par de metros hacia la salida.

La granada explotó, dejando un gran agujero en donde antes se encontraba la puerta. Metió la mano izquierda, que había quedado fuera del bolsillo de la sudadera, en el bolsillo del pantalon en donde, gracias a un agujero, se podía tocar la pierna desnuda y, atada a esta, una vara de hierro que se podía extraer de allí fácilmente, por lo que la saco y fue corriendo hacia la entrada.

Cuando entró al interior de la casa un gran enfado le recorrió el cuerpo, golpeo con la vara a un mueble cercano, de modo que este quedo destrozado, luego gritó.

-¡Cabrón hijo de puta, sal de donde quiera que estes, si te tengo que buscar lo lamentarás el resto de tu jodida existencia!

Apareció otro guardia que intentó parar al chico, pero este, como si de un fantasma se tratase le asestó un golpe mortal, gracias a que semejaba conocer los puntos mortales del ser humano.

-¡SAL. DE. TU. PUTO. ESCONDITE! Gritó el chico con una voz imponente, mientras reventaba todo lo que encontraba a su paso con la vara.

De pronto salió un hombre que rondaba los cincuenta años, con una mujer no mucho mas joven que él. El hombre llevaba una escopeta y temblaba un poco, parecía tenerle miedo a aquel chico.

-No te muevas, o disparo, dijo el hombre con una voz un tanto temblorosa.

-Cariño, -se dirigió al que parecía ser su marido- ¿quién es este hombre? -miró al chico tímidamente- ¿qué quiere nosotros?

-¡JA! No seas mas gilipollas, esa mierda, a parte de vieja esta descargada, ¿Quieres ver un arma de verdad? -Sacó una pistola con la mano que aún no había sacado del bolsillo, no muy grande- Esto -exclamó-, es un arma de verdad.

El hombre intento hacer creíble que tenía la escopeta cargada, pero desistió y la acabo soltando, esta cayó al suelo mientras levantaba sus manos en señal de rendición.

-Está bien, llévate lo que quieras pero no nos hagas daño por favor.

El chico solto una carcajada.

-¿Qué no os haga daño? ¿A qué crees que he venido?

-Pero ¿Porqu. é nos haces esto? ¿Qué te hemos hecho? -Dijo la mujer, que había roto a llorar, con la voz quebrada

-Ya lo entiendo -el chico se dirigió al hombre- ¿Conque la maruja esta aún no sabe nada? Lo que me voy a divertir.

Caminó hacia donde se encontraba la mujer y la tumbó de un golpe, pero dejandola consciente. Estando ella boca abajo, puso un pie sobre su espalda, de modo que esta no se pudiese levantar.

-Las vueltas que da la vida ¿eh? Pensar que te vas a enterar por mi de esto, es gracioso -hizo presión con el pie, haciendo que la mujer gritase de dolor- Oye, tu te acuerdas cuando hace veintidós años ese señor que esta ahí temblando como si fuese un flan tuvo una reunión de empresa? -volvió a presionar, por la zona de la caja torácica de la mujer, esta vez aún mas fuerte-

-N-no, el tenia mu-

-Cállate -exclamó el chico- tu voz me irrita. El caso es que por el camino se encontro con una mendiga, muy guapa y sabes que mas, le ofreció una gran cantidad de dinero por acostarse con ella, y la pobre mendiga no le quedó mas remedio que aceptar si no quería morirse de hambre, solo puso una condición, que usase preservativo. El acepto pero, ¡sorpresa!, ni se lo puso ni le pagó. ¿A que es bonita la historia?

A la mujer le invadió un gran dolor emocional, sumado al dolor físico que estaha soportando por la presión que aquel chico ejercía sobre ella con su pie, tan solo podía llorar y temblar.

-Cariño, no le escuches, solo dice mentiras, es solo un perturbado -afirmó el hombre-

-¿Y aún así la quieres? Bueno pues si la quieres tanto -golpeó a la mujer con la vara de hierro, pero sin llegar a siquiera dejarla inconsciente, pretendiendo solo provocarle dolor y hacer que sangrara, se dirigió al hombre- Verás, yo puedo mataros o torturaros hasta que la palmeis; así que dime, ¿hay alguien que se pueda vengar y que me tenga que cargar?, si no lo dices ya sabes -alzó la vara, en señal de que sino lo cantaban sufrirían las consecuencias-

-N-no nos mates -suplicó de rodillas- no hay nadie, he estafado a todos mis clientes y amigos para comprar esta casa y tener una vida mejor, solo la tengo a ella. -Aseguró el hombre-

-Por esa cara de miedo parece ser verdad, bueno, dejare libre a tu mujer. -Volvió a poner el pie en el suelo-

La mujer se intento levantar, pero antes de que se hubiese erguido, el chico ya le había disparado con la pistola en la cabeza. El hombre rompió a llorar y desesperadamente intentó atacar al chico dándole un puñetazo a lo que este respondió agarrándole el brazo, y lo tumbó con una especie de llave de judo.

-Y yo que te iba a dar una muerte digna con un disparo, en fin -el chico golpeo a aquel hombre con la vara hasta la muerte, a cada golpe el hombre se retorcia de dolor, mientras le suplicaba que le diese una muerte rápida e indolora. A su alrededor se iban formando charcos y charcos de sangre, cuando el hombre parecía estar al fin muerto, el chico le disparo varias veces en la cabeza para asegurarse de que efectivamente lo estaba

Volvió a meter todas sus armas en sus respectivos sitios, no sin antes sacudirlas un poco para que no se notase tanto la sangre al llevárselas de vuelta.

Se dió la vuelta para irse, cuando, al lado del mueble que previamente había reventado, encontró un libreto que le llamó la atención, lo cogió del suelo; era de color negro y tenía unas letras doradadas en las que leyó Libro de Familia. Era una buena forma de comprobar si le habían dicho la verdad. Lo abrío y revisó las páginas. En la tercera pudo leer nada mas pasar la página Shinzu, mas abajo encontró escrito Hijo.

-Conque un hijo… Maldito mentiroso, en fin no me gusta dejar cabos sueltos.

Guardó el libro y se largó de alli.

domingo, 18 de enero de 2015

Capítulo 5

Mientras me veía incapaz de reaccionar a lo que sucedía ante mis ojos oí pasos. Durante todo este tiempo había estado distraído pero ahora me preocupaba menos el hecho de que no tenía a donde ir, aunque siguiese siendo así ya empezaba a asimilarlo de alguna forma.

Empecé a pensar al mismo tiempo que oía aquellos pasos desconocidos y la verdad era, que estaba desprotegido;  no sabía dónde estaba, no conocía de nada a aquella persona a la que estaba sosteniendo para que no se cayese. Sinceramente, si no me había costado el hecho de haberme acercado a Nanao era solo porque, de alguna forma, me recordaba a Mara. Pero esta vez pude recordar todo el dolor de mi corazón, quizás las palabras bonitas de Nanao fueran tan solo un engaño, un plan para destruirme más de lo que ya estaba. La ansiedad subió, comencé a respirar cada vez más fuerte, mientras sentía un gran dolor en el pecho. Me di cuenta de que seguía sujetando a Nanao, intenté dejarla suavemente en el suelo, pero no pude y cayó, de todas formas parecía estar bien, salí corriendo.

Corrí hasta estar seguro de encontrarme lejos de Nanao y del sonido de aquellos pasos infernales, ya no podía volver allí otra vez. Nanao me odiaría, es más, estaba seguro de que ya me odiaba. Era imposible que alguien llegase a sentir algo siquiera parecido a aprecio por mí, definitivamente, no servía para nada, era un desecho social.

La ansiedad seguía creciendo con cada pensamiento, a cada paso pese a estar lejos del peligro; necesitaba distraerme, como fuese, recordé que llevaba el MP3 en el bolsillo izquierdo de mi pantalón negro vaquero no muy oscuro. Yo era un chico muy delgado, derivado de no comer demasiado, con un pelo realmente negro, más que el carbón, algo largo pero no demasiado, destacaba mi flequillo que hacía varias puntas que incluso llegaban a cubrirme uno de mis ojos castaño oscuro. En cuanto a mi ropa era simple, debido a mi delgadez tenía la necesidad de llevar un cinturón sobre aquel pantalón para evitar que este se me cayese. Llevaba unas deportivas ya que de vez en cuando había que salir corriendo, además me resultaban cómodas, eran de color blanco y negro, una sudadera morada y negra por encima de una camiseta blanca remataban mi vestimenta.

Volviendo al tema cogí rápidamente mis cascos junto con el MP3 y me los puse mientras repetía para mí mismo "piensa en otra cosa, piensa en otra cosa", cuando conseguí encender el MP3 me puse la capucha de la sudadera, al mismo tiempo que subía el volumen de la música, como intento desesperado de callar mis pensamientos, pero no pareció dar resultado. Todo este tiempo había sido fuerte, no había llorado por nada; odiaba llorar, me hacía sentir estúpido, imbécil, un completo gilipollas, acabé cediendo, las lágrimas brotaron por mis ojos y bajaron por mi cara, cada una diciéndome lo patético que era, que era inservible, que pasase lo que pasase estaba solo, no podía confiar en nadie, que si me daban de hostias durante los recreos era porque verdaderamente lo merecía, cada puñetazo, cada patada…

Seguí llorando con mi estúpido temblar por miedo, por ansiedad, no quería existir, aquel mundo no tenía sentido. Había parado de correr con la primera lágrima, estaba tirado en el suelo llorando, quejándome de mi debilidad, del hecho de ser odiado por el mundo, de conocer lo que era verdadero dolor. Intenté volver a caminar, no debía de permitir que absolutamente nadie pudiese ver mi debilidad, eso me provocaría aún más dolor, me levanté e intente caminar, pero fui incapaz y caí automáticamente, tiré al suelo con lo que quedaba de mi cuerpo. Poco a poco mis lágrimas se fueron secando, mientras yo realizaba el mayor esfuerzo posible para intentar no pensar en lo que me estaba sucediendo, decidí dormirme para silenciar mis pensamientos aunque no tuviese sueño.

Me desperté, todavía llevaba puestos los cascos, que emitían por sus altavoces el sonido de una canción melancólica. Miré la hora en el MP3, tan solo había pasado una hora. Antes de que mi dolor volviese me quede observando a mi alrededor, el paisaje era muy distinto, la temperatura era realmente agradable pues era de día y el sol estaba en el cielo, radiante y yo estaba sobre una hierba Amarillenta. Podían vislumbrarse tulipanes amarillos y rojos e incluso alguno que otro morado. Verdaderamente era un paisaje precioso, distinto de lo que había podido ver por la noche, lo cual me extrañaba puesto que tampoco había caminado lo suficiente como para que aquel paisaje hubiese conseguido dar un cambio tan drástico.

Observé el paisaje un rato, he de decir que estaba completamente absorto, dada la impresión que en mí causaba aquel paisaje; por lo que no pude darme cuenta de que alguien se estaba acercando hacia mí, aún así si pude oír sus palabras.

 -Aquí estabas… Shinzu puede que haya sido algo brusca y directa contigo, no sé porque has salido corriendo pero, tranquilo, solo quiero que estés bien.

Aquello me sonó a patraña, aunque no lo fuera, era incapaz de confiar en ella, en cualquier ser humano para ser exactos, sabía que algún día me traicionarían o acabarían desapareciendo, siempre me aislaba para evitar el dolor que eso suponía y, si todo esto no pasase entonces de alguna forma yo acabaría haciendo daño, se acabarían distanciando de mi, cortarían la relación y todo volvería a su cauce.

Tenía que irme, salir corriendo hacia un lugar donde la soledad me consumiese hasta morir pero no pude, yo también quería ser aceptado por alguien, desde que Mara se había ido, todo fue a peor. ¡Malditos asesinos! , pensé queriéndolo gritar al cielo, me encontraba paralizado por el miedo. El dolor y la ansiedad seguían subiendo y subiendo mientras notaba como mis conductos lacrimales se llenaban de la sustancia que sale por el llanto, con el poco valor que tenía apenas pude decir, tartamudeando, sin mirar a Nanao a la cara y con un hilo de voz.

 -V-vete.

Pronunciar aquella simple palabra, un simple vete, supuso para mí comenzar a llorar sin control. Me encogí de piernas y agaché la cabeza ya no solo para que no me viese llorar, sino para no poder verla, ciertamente parecía otra persona distinta. Cada vez estaba más seguro de que aquella distracción había sido determinante a la hora de olvidar toda mi ansiedad y dolor mientras que el hecho de haber recordado los últimos instantes de vida de Mara reflejados en el desmayo repentino de Nanao, permitió que todo retornase. 

domingo, 11 de enero de 2015

Capítulo 4

-A que te refieres con "mi mundo"

-A que tu eres parte, eres parte de ese mundo que odia, que odia todo, en general, también estás harto ya, un mundo tan artificial que a todos odia, el odio, mueve nuestro mundo, ¿sabes?, sencillamente sentimientos positivos, alegría, amor… no existen en nosotros, ellos solo nos han transmitido su odio, no nos han dado nada mas, no le importamos a nadie, esperan que desaparezcamos de la faz de la tierra, que no molestemos, y nosotros mismos no queremos molestarnos en que nos ayuden las mismas personas que nos han hecho daño que en el fondo son todos… tan iguales, viven dentro de su sociedad repleta de complejos, de normas y si no las cumples se acabo, tu única salida es el suicidio, la muerte, nunca encontrarás ese sitio que tu corazón necesita con tanta fuerza, si te metes de lleno en esa sociedad sufrirás por no ser quien eres, tendrás que ocultarlo todo, tu pasado, tu identidad, maquillarlo todo por un puñado de sonrisas falsas… aún así, por lo menos si otras personas entienden tu dolor, podrás pasar el resto de tus días, ¿sabes cuantas personas verdaderamente pueden entender tu dolor? muy pocas, por eso… ven conmigo.

Durante su discurso Nanao tenía la voz temblorosa, no podía verle la cara pero parecía estar llorando, esas palabras tan ciertas le causaban dolor, un dolor insoportable, reconocer el hecho de que jamás encajaría, que siempre sería la marginada, la asocial… le entendía perfectamente.

-Has dicho que querías que fuera contigo, ¿no?, puedo asegurarlo, confío en ti, has dicho que era tu mundo, pero, en verdad… es nuestro mundo.

Después de eso no oí nada mas, hubo un silencio cuando; de pronto, Nanao agarró mi mano y tiro de ella, indicándome por donde tenía que seguirla.

Caminamos así un buen rato, su respiración se escuchaba entrecortada, no quería que supiese que estaba llorando aunque yo ya lo había notado desde hacía un rato.

Salimos por el estrecho callejón, caminamos varios metros y llegamos al monte, Nanao me hizo caminar un buen trecho hasta que llegamos a un lugar peculiar, parecía un muro, pero era completamente natural y se encontraba adosado a la ladera de la montaña. Nanao se paro delante y saco un artefacto extraño que yo fui incapaz de ver, debido a la oscuridad de la noche, el artefacto no parecía ser muy grande, algo más que la mano de Nanao, que lo pego al muro, luego hizo retroceder su brazo y lo volvió a pegar al muro, esta vez moviendo el brazo con fuerza, como si de un puñetazo se tratase. El artefacto se ilumino y nos arrastró a los dos hacia dentro, muy rápidamente, en ese momento perdí el conocimiento.

Cuando desperté estaba en una habitación, encima de una cama, la habitación solo estaba iluminada por la luz de la luna, aún era de noche, miré el reloj que había al lado de la cama, en una pequeña mesita, las 6:30, pronto se hará de día… no era momento para pensar en eso, no sabía dónde estaba, suponía que en casa de Nanao, poco a poco empezaba a recordar todo lo que había sucedido hasta entonces, me dolía la cabeza bastante y no entendía del todo que hacía allí, era algo extraño pasar de un monte a una habitación así sin más, no podía creer que la casa de Nanao quedase cerca de un lugar tan extraño como un monte.

Me levanté de la cama, aún me sentía algo mareado por la pérdida del conocimiento que había sufrido, caminé hasta dar con la puerta y la abrí despacio. Me encontraba ante una habitación oscura, parecía un salón corriente pero era difícil saberlo dada la falta de luz. A mi derecha pude ver que la luz natural entraba por tres ventanas y caminé hacia ellas, con la esperanza de poder saber donde estaba. Lo que descubrí fueron 2 grandes ventanas de cristal y una puerta, también de cristal que actuaba como ventana para que entrase la luz. Abrí aquella puerta y lo primero que vi fue la inmensa luna que estaba suspendida en el firmamento, con millones de estrellas a su alrededor, el suelo estaba cubierto de flores extrañas para mí, pero preciosas, todo ello harmonizado con pequeños puntitos de luz, que supuse que eran luciérnagas, aunque no estaba muy seguro. Todo ello hacía parecer al lugar el paisaje de un videojuego de fantasía.

La claridad era asombrosa para ser de noche, por lo que,  a lo lejos, pude observar una silueta humana a la que me acerqué y que resultó ser, por suerte, Nanao.

Nanao estaba tumbada sobre la hierba, con los ojos cerrados, aún así no parecía estar dormida, a los dos nos rodeaban las luciérnagas, me llamó la atención que, sobre la nariz de aquella misteriosa chica, se encontraba posada una mariposa blanca, lo que me hacía pensar aún pensar más en el hecho de que todo pareciese un juego de fantasía.

Nanao se levantó de pronto y, justo cuando me iba a hablar se desplomó sobre mí.

No supe que hacer en aquel momento, parecía estar muy pálida, y yo me estaba poniendo realmente nervioso, empecé a sentir impotencia y esa impotencia acabó derivando en ansiedad, mis pensamientos me recordaban lo inútil que era, comencé a respirar fuerte, cada vez más fuerte, no era incapaz de reaccionar, todo se parecía tanto a aquella última vez. 

sábado, 8 de noviembre de 2014

Capítulo 3

Durante toda la noche había estado tan distraído, en todos los sentidos, que había olvidado lo más importante, no tenia ningún lugar a donde ir, y aquel escondrijo no estaba protegido de las inclemencias del tiempo, ya no tenía a nadie, estaba solo, una soledad plena y absoluta; volver a la sociedad no era una opción, era un paria, un antisocial, no quería que nadie me diera caridad ni ningún tipo de ayuda, me tratarían como un loco y me mirarían como tal. No quería ver como personas a las que no les importaba se compadecían de mí, mientras me ponían una cara de preocupación vacía y falsa, basada en su estúpida filantropía carente de sentido alguno.

Lo único que necesitaba era tiempo, tiempo para encajar todo lo que había sucedido, tiempo para pensar, y estaba claro que lo iba a tener, así que solo faltaba conseguir un techo y comida. Estuve dándole vueltas un rato y llegue a la conclusión de que podía meterme en una de aquellas casas abandonadas, había para elegir, ahora solo faltaba conseguir algo para reventar las puertas, quizá en el interior de algún edificio hubiese algo para reventar la cerradura o directamente romper una puerta, así que salí del escondrijo por aquel callejón alargado.

Camine hacia el edificio más cercano, por suerte, la puerta estaba tirada en el suelo, probablemente un temporal la dejase así ya que por ese lugar no pasaba nadie, ciertamente era una ventaja para mi, por muy egoísta que sonase, no soportaba ver la felicidad de los demás, me dolía verla, era como si me clavasen un puñal en el corazón, como si el mundo quisiese decirme, mira,  ellos no están solos, son felices, viven, tu nunca conocerás esa felicidad, siempre has estado solo y siempre lo estarás, no vales nada.

Volviendo al tema, revisé cada centímetro de aquel portal sin resultado, subí las escaleras, parándome en cada rellano, con el mismo resultado, las puertas estaban cerradas y no había forma de abrirlas, seguí subiendo hasta llegar a la última planta; los trasteros, el edificio constaba de tres plantas, con dos viviendas por planta, y por vivienda había un trastero, el lugar estaba verdaderamente oscuro, entraba algo de luz de una ventana alejada pero poco más.

Yendo a ciegas toque las puertas, no parecían muy resistentes, decidí cargar con todo mi peso contra una de ellas, a ver qué pasaba. Como supuse, no eran muy resistentes, la puerta cayó al suelo y yo entre, era un lugar muy pequeño, unos seis metros cuadrados, y no había nada, repetí el mismo proceso con el resto de puertas y obtuve el mismo resultado, ya solo quedaba una, cargué contra ella y al caer descubrió un lugar siniestro, había un trozo de pladur del techo en el suelo, y un agujero en el techo que iluminaba aquel lugar, que estaba lleno de armas, desde navajas, hasta pistolas que podrían llegar a ser ilegales, en un estante había un hacha, perfecta para reventar cualquier puerta, por dura que fuese, la cogí, cuando estaba a punto de irme se me ocurrió coger alguna pistola, no sabía el nombre ni el modelo, personalmente el mundo de las armas no me interesaba, aunque mi padre me había enseñado como disparar una pistola cuando era pequeño, cogí una que me resultaba familiar, creo que era el modelo con el que había matado a ese cerdo, bueno, no era momento de rememorar en un lugar así, me lleve algunas recargas, "espero acordarme de cómo funcionaba esto" pensé.

Al bajar me rugió el estómago, ya no podía mas, necesitaba comer, llegue al portal y vi una sombra en la entrada de este, no sabía quién era y me asusté, la sombra entro en el portal, esa chica, me sonaba de algo, antes de que me diese tiempo a reaccionar dijo:

-Soy Nanao, la chica que conociste por la noche, ¿Quieres comer?, traje algo para que comamos los dos, ven, vamos al escondrijo.

Cogió mi mano y yo sin poder reaccionar, tal vez por miedo, fobia o por el simple hecho de no relacionarme con nadie, estaba temblando y ella lo notaba, creo que por eso sonreía tanto, aunque yo también pude percibir cierto nerviosismo detrás de esa sonrisa.

Cuando llegamos nos sentamos en el suelo, sacó un mantel en donde puso unos bocadillos, yo no cogí ninguno, estaba temblando, una cosa era responder a las preguntas de una persona que no veía y otra muy distinta era sentarme a comer con ella, por mucha hambre que tuviese, estaba paralizado, no me podía mover, no podía ni hablar, estaba muy agobiado, porque esa chica me ayudaba, empecé a respirar rápido, cada vez más rápido, sentía como el corazón me iba a mil, de pronto Nanao se levanto, y se acerco a mí, me cogió por detrás, note sus brazos rodeando mi cuerpo, me estaba abrazando, noté como me decía al oído:

-Déjame ayudarte.

Se separo de mí, volvió a su lado del mantel y siguió comiendo, yo seguía temblando, pero ya no tanto, así que acabé por comer, luego Nanao se tumbó en el suelo, indicándome que hiciese lo mismo, me tumbe y ella dijo:

-Odio el día, cerró los ojos y se durmió, yo pensé para mi mismo, "yo también" y me dormí junto con ella.

Cuando desperté era de noche, otra vez era una noche preciosa, Nanao ya no estaba, o al menos no podía verla, de pronto alguien habló, sin duda era Nanao, creo que había llegado a la conclusión de que sería más fácil entablar una conversación conmigo si no tenía que verla, y, en cierto modo, tenía razón.

-¿Crees que soy como el resto?

-No, no lo eres, nadie se acercaría a alguien tan extraño como yo como lo has hecho tu, cuando te vi no me pareciste como el resto, todas esas personas, siempre me parecieron la misma mierda, en cambio tu… todas esas preguntas, la forma en la que hoy me has ayudado parece tan verdadera, hay tantas personas que ayudan a otras, por ese deseo de ayudar a las personas en general, no por ayudar a una en especifico, pareceré yo el malo pero no las soporto, esas sonrisas falsas, esa forma de aliviar sin saber la magnitud de sus problemas, el dolor que les causa, solo lo hacen para sentirse buenas personas, ayudar a personas que en el fondo no les importan les hace sentirse bien, y luego siguen con sus buenas vidas, sencillamente no puedo con eso.

Hubo un silencio, pero de nuevo llego otra pregunta:

-¿Alguna vez has sentido ganas de acabar con ellos?

-¿A qué te refieres?

-A acabar con sus vidas, con todas aquellas personas que tanto daño te han hecho, con todas esas miserables y vacías vidas, existencias que torturan a otras que son tan débiles, esas personas, matan, provocan suicidios, pero no se sienten culpables, no creen que sea culpa suya, si alguien tiene que morir, mejor que sean ellos.

Esa pregunta me dejo asombrado, muchas veces había imaginado el matarlos, calmaba mi corazón atormentado, aun así, había algo que me lo impedía, y esa fue mi respuesta ante esa pregunta.

Nanao se quedo callada, empezaba a tener miedo de que me odiase por pensar eso, cuando de pronto dijo.


-Bienvenido…  a mi mundo. 

domingo, 26 de octubre de 2014

Capitulo 2

El escondrijo quedaba algo lejos de mi casa, mejor dicho, de el lugar en donde me encontraba, no me hacía gracia la idea de salir por el día en lugar de salir por la noche pero necesitaba pensar, también necesitaba dormir, era un ser nocturno; por la noche era más fácil caminar por aquella ciudad sin encontrarte gente, y la luz del día me recordaba al colegio (al fin y al cabo solo salía de día para ir a ese lugar).

Seguí caminando un buen trecho, por los lugares menos transitados, si algún compañero del colegio me encontrase el resultado sería fatal. Llegue a una calle vacía llena de edificios abandonados, nadie vivía en ese barrio, estaba abandonado, -lo increíble es que aun no esté lleno de okupas o drogadictos o lo que sea- pensé, para eso ya había otro barrio más a mano para todo el mundo; mejor para mí.
Entré en el barrio y caminé hasta poder girar a la derecha, entre dos edificios había un ligero hueco en el que cabía casi de milagro que se prolongaba como si de un pasillo estrecho se tratase, al acabar el hueco se llegaba a un lugar peculiar, se trataba de un espacio creado por todos los edificios viejos que daban al exterior; del tamaño de dos habitaciones, era realmente grande, nunca entendí porque pero había un pequeño rectángulo de cemento adosado a la pared de un edificio que Mara y yo usábamos de banco, ella se sentaba a la derecha y yo a la izquierda, cuando murió me seguí sentando a la izquierda, podía sentir como ella se sentaba en la derecha, como me apoyaba desde donde estuviese, solo con sentarme allí sentía su alma.

Era hora de pensar que iba a hacer a partir de ese momento, las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, estaba llorando y no quería, llorar tan solo me serviría para desahogarme, no solucionaría nada, me tumbe en el suelo, y me quede dormido.

Cuando desperté era de noche, hacía una noche preciosa,  me quede absorto viendo las estrellas en el cielo, no pensé, simplemente las veía y sentía la calma que me producía verlas, ese lugar en verdad era mágico, en ninguna parte del barrio había alumbrado público por lo que las estrellas se veían más nítidas que en cualquier lugar que conozca. De pronto oí una voz, una voz de mujer que no era capaz de reconocer.

-Todas estas estrellas… ¿Cuando el ser humano decidió sustituirlas por luces amarillas y artificiales para luchar contra su propio mal?

 No se dé quien era esa voz al principio me sorprendió escuchar a alguien en aquel lugar que consideraba mío, sin embargo la pregunta era bastante acertada, me dio que pensar pero al final la acabe respondiendo.

-El ser humano tiene miedo al no ver que pasa a su alrededor, además que unos que se consideran buenos aplican lo que llaman "moral y ética" en forma de leyes a los que las incumplen, para ello necesitan pervertir la noche colocando luces amarillas cada cierta distancia.

 Hubo un silencio durante un momento, y, de nuevo llegó otra pregunta.

-¿Que es la libertad, de verdad somos libres?

Decidí responder según mi forma de verlo.

 -No lo sé, pero... ¿en verdad alguien lo sabe? Todos hablan sobre la libertad, tenemos leyes que afirman que somos libres, mientras que estas mismas la acotan, pero, sin duda la que la destruye en su mayor parte es la sociedad, la sociedad le dice a todo el mundo como debe de comportase, como debe actuar, incluso lo que le debe de gustar, hay ciertas cosas que todo el mundo hace, no son vitales para sobrevivir, algunas van en contra de la supervivencia de la persona que las ejecuta, te pueden gustar, ser indiferentes u odiarlas pero las acabas haciendo. Puedes no hacerle caso a la sociedad, pero todo tiene un precio, el precio de salir de la sociedad y sus rigurosos parámetros es la soledad, por lo tanto puedes ser libre, por encima de leyes y de la sociedad, pero tu penitencia será la soledad, y ¿quién quiere tanta libertad cuando esta solo? Por eso limitamos nuestra libertad dándole parcelas a las leyes y a la sociedad.

Tras decir todo esto, y quedar a gusto llegó otro silencio, que duro más tiempo que el anterior, aquella voz volvió a sonar diciendo.

 -¿Y si un grupo de personas saliese de esa sociedad, tendrían libertad plena?

-Si salen de la sociedad, es porque se han dado cuenta de toda la libertad que les quita, si tienen un alto grado de tolerancia, sabiendo así respetar a los demás, su libertad no sería plena, necesitan normas para vivir, pero serían más libres que el resto, aunque no tendrían mas personas que las que están dentro de ese grupo, así que si tendrían cierto sentimiento de soledad

Esta pregunta si me había costado más responderla, ciertamente, quien quisiese que las estuviese formulando era distinta al resto.
Note como aquella persona se acercaba, se acerco a mí, agarro mi mano y tiro de mi, dejándome de pie, de ella solo podía ver como llevaba una sudadera, con la capucha puesta, dándole un toque distinto al resto.
-Soy Nanao, encantada, no tienes a donde ir, ¿verdad?, toma esto -era un mando con un botón en el centro-, sé que si te pido ahora que vengas conmigo me dirás que no, se que al final acabarás queriendo, así que púlsalo cuando lo tengas completamente decidido. Y después de decir esas palabras la chica desapareció.

No sabía qué hacer, aquellas últimas palabras antes de desaparecer me dejaron pensativo, ¿me conocería aquella chica? me había dado su nombre, Nanao… su nombre no me resultaba ni conocido, era la primera vez que lo oía, al igual que el mío, los dos eran raros. Ir con ella, no la conocía, ni siquiera sabía que pretendía con todas esas preguntas, preguntas tan bien elaboradas, que yo había contestado, puede ser que me recordasen a Mara, ella hacía esas mismas preguntas, las lanzaba al aire en realidad, y entre los dos las respondíamos, muchas veces ni hablábamos, estábamos los dos callados en aquel mismo lugar, pensativos.

Me quede un rato pensativo, en lo más profundo de mis recuerdos, necesitaba desahogarme de alguna forma, cogí el mp3 de mi mochila, y puse las canciones de los artistas más oscuras que encontré, amaba esa forma de desahogarme, simplemente las escuchaba y mis sentimientos se movían, sentía como todo el mundo me daba igual, me sentía especial, diferente, como podía acabar con todo el planeta, con todas sus convicciones con aquella sociedad absurda que apretaba y apretaba, me daba igual toda la gente, lo que me hiciesen, todo mi sufrimiento se transformaba en odio y no sé porque, pero me gustaba.


Toda aquella gente que me atacaba, que se reía a mis espaldas, incluso sin tener motivo alguno para hacerlo, no soportaba a ese atajo de imbéciles que se dedicaban a torturarme de todas las maneras posibles, a toda esa gente con sus sonrisas falsas, esa forma suya tan estúpida de verme, de intentar destruirme, la sociedad apretaba y apretaba, imponiendo su criterio, mientras yo tan solo pedía ser respetado, no, solo con no ser torturado me hubiese conformado, si tan solo tuviese un arma… No, ya estaba cruzando el límite de la cordura, tal vez solo fuese otra estupidez de la sociedad, querer proteger a los suyos, destruyendo a la vez su entorno, a los otros seres…  De todas formas daba igual, mientras pensaba todo esto ya había amanecido y tenía demasiada hambre; tenía que conseguir comida como fuese. 

sábado, 11 de octubre de 2014

Capítulo 1

Los días se habían ido sucediendo hasta que llego el día de mi cumpleaños, no entendía porque el resto de personas le daban tanta importancia, a cada minuto envejeces, a cada segundo ahora mismo están envejeciendo, no pasan de los 17 a los 18 directamente solo que, claro, no tenían tanto tiempo como yo como para pararse a pensar en semejante tontería.

Si me hubiesen preguntado por mi cumpleaños antes de que Mara muriese sería distinto, ella siempre me echaba la bronca por pensar cosas así, sabía que tenía razón pero aun así me la echaba, en el fondo todo esto nos hacía gracia.

El caso es que era un día común, en el que tenía clase, odiaba el colegio ya que no solo no aprendías nada, sino que aun por encima siempre me habían hecho bullying, siempre fueron los mismos y al instituto siempre le dio igual, daba igual lo que pasara, ellos daban clase y al final de mes cobraban, cualquier cosa que pasase en los recreos daba igual, cundía la anarquía y la ley del más fuerte, que ellos aplicaban conmigo y con Mara durante los 3 años que estuvimos juntos.

Mara había sido transferida de su centro al empezar tercero de la ESO y había muerto, o mejor dicho, la habían matado, el 1 de febrero, aproximadamente 2 años después de haberla conocido yo.

Mi cumpleaños se situaba en el 3 de abril en el calendario, cumplía los 18 sin saber qué hacer con lo que, se supone, debía considerar que era mi vida. El día empezó normal, apenas intercambie palabras con mis padres tan solo me fui al colegio, tres horas de clase, un par de patadas de mis compañeros y otras tres horas me separaban de volver a mi casa, cerrar la puerta con llave y dormir hasta la noche; luego saldría de casa e iría al escondrijo que Mara y yo teníamos, sentía de una u otra forma que ella estaba allí y eso me tranquilizaba, luego volvería a casa para estudiar y, si me daba tiempo, algo de internet para desconectar, una siesta y a empezar otro estúpido día.

El día paso con normalidad, el grupo de 6 chicos que se dedicaba a darme de hostias, me dio el doble, por haberles dicho que Mara no era una puta, si estaban inspirados la insultaban a sabiendas de que yo la defendería, al igual que hacía cuando ella estaba, a ella también le daban de leñazos, a "modo de castigo" por "desmarginar" al marginado de la clase, cuando ella estaba, la mayoría de las veces huíamos de ellos, tarea difícil teniendo en cuenta que la inmensa parte del colegio nos odiaba y se comunicaban entre ellos en nuestra huída a través del móvil, luego nos daban de patadas o puñetazos, o de las dos cosas dependiendo del día, por último yo me disculpaba por ser débil y ella hacía lo mismo conmigo, ya que odiaba que el hombre no pudiese ser también el débil.

Las otras tres clases pasaron con normalidad, volví a casa deseando dormir, estaba cansado, y no podía con mi cuerpo, aun entumecido por la paliza de antes. Abrí el portal, vivíamos en un edificio pequeño, de 5 plantas, viviendo nosotros en la quinta, cogí el ascensor, y subí como de costumbre, metí la llave en la cerradura, giré la llave con la intención de abrir la puerta, pero no se movía. No me había dado cuenta de que alguien había pegado un sobre blanco a la puerta, estaba muy cansado y no me dedicaba a comprobar el estado de la puerta. Puesto que no sabía qué hacer cogí el sobre, dentro había una carta, en la carta ponía:

 “Shinzu:

Nunca te quisimos tener como hijo, ya tienes 18 así que lárgate, ya no estamos aquí así que no intentes localizarnos, ah, y agradece por lo menos que no te llevásemos a un orfanato, te dimos casa y comida durante todo este tiempo, no te vamos a cobrar nada por estos años, considéralo tu decimo octavo regalo de cumpleaños, no nos cites en tu nota de suicidio, haz algo bonito por nosotros por una vez.

                                                                                                                  Tus padres.”

No me podía creer lo que estaba leyendo, sabía que no teníamos una relación padres-hijo en ninguno de los sentidos, había descubierto que ellos nunca quisieron un hijo por el diario que dejo mi abuela antes de morir, estoy seguro que de haberla conocido, me hubiese llevado bien con ella, vivió hasta que yo tuve 2 años así que no la recuerdo, incluso intuía que me odiaban, les hacía gracia el hecho de que cosieran a patadas y a puñetazos a su hijo en el colegio, me querían muerto, pero después de las "extrañas circunstancias" en las que murió mi abuela no les sería tan fácil deshacerse de mí. Tenía una gran herencia preparada para darle a su hija, mi padre fue militar durante un tiempo, sabía cómo matar a alguien sin dejar rastro, pero, por lo que oí cometió un error, por lo que se dice que soborno al juez, que aún por encima era amigo suyo, a veces venía a casa y charlaban, por si fuera poco, lo claramente mal que se llevaban entre ellos lo confirmaba. Esto venía reflejado en el diario que mi abuela escribió, y que ya no tenia, lo único que tenía era algunos libros de clase, agenda, libreta, estuche… lo necesario para ir a clase un día cualquiera.

De pronto me di cuenta de que no sabía si tenía a salvo el colgante que Mara me había regalado, siempre lo llevaba encima, pero por si acaso tenía que comprobar, mire en los bolsillos y ahí estaba, aquel colgante barato, que Mara me había regalado con lo poco que pudo haber ahorrado, lo mismo me paso, cumplíamos el mismo día y ninguno de los dos tenía dinero así que no nos regalamos nada en el primer cumpleaños, en el segundo, los dos ahorramos durante todo el año, sin saberlo el uno del otro, ella con su colgante y yo con el mío, estábamos muy compenetrados. El colgante que le regale yo está enterrado con ella, me pareció lo más justo.

 Tras esa breve comprobación no sabía qué hacer, no me iba a suicidar como parecían desear mis padres, no por demostrarles nada, ni por demostrármelo a mí mismo, sino por la promesa que le hice a Mara, tan solo nos prometimos eso, ambos éramos un blanco fácil para el suicidio, así que nos lo prometimos cuando cogimos la más mínima confianza el uno en el otro. Me vino la idea de okupar la casa, aprovechando que ya nadie vivía allí, de todas formas lo mejor por el momento para mí era ir a nuestro escondrijo, lugar apartado de la sociedad en donde podría pensar, en donde sentía el alma de Mara. 

viernes, 10 de octubre de 2014

Introducción

Aquel día era otro mas en el calendario, los días pasaban y pasaban sin que me diese cuenta, al fin y al cabo no hacía nada en especial en mi vida, no desde que Mara murió, ella siempre estaba feliz, o al menos lo aparentaba, su sorrisa cálida era contagiosa.

Cuando la conocí, con 13 años,  nunca había sonrreido y desde que murió, los dos con 16 (cumplíamos el mismo día) no había vuelto a hacerlo, ella era mi única amiga y yo su unico amigo, con unos padres distantes conmigo, podria decir que ella era la única persona con la que habia hablado de verdad, hasta entonces y desde entonces estaba solo, soy Shinzu y, siendo anti-social a la edad de 18 años y sufriendo bullying tanto verbal como fisico estaba condenado a la soledad eterna o al suicidio, pero pronto todo cambiaria…