domingo, 26 de octubre de 2014

Capitulo 2

El escondrijo quedaba algo lejos de mi casa, mejor dicho, de el lugar en donde me encontraba, no me hacía gracia la idea de salir por el día en lugar de salir por la noche pero necesitaba pensar, también necesitaba dormir, era un ser nocturno; por la noche era más fácil caminar por aquella ciudad sin encontrarte gente, y la luz del día me recordaba al colegio (al fin y al cabo solo salía de día para ir a ese lugar).

Seguí caminando un buen trecho, por los lugares menos transitados, si algún compañero del colegio me encontrase el resultado sería fatal. Llegue a una calle vacía llena de edificios abandonados, nadie vivía en ese barrio, estaba abandonado, -lo increíble es que aun no esté lleno de okupas o drogadictos o lo que sea- pensé, para eso ya había otro barrio más a mano para todo el mundo; mejor para mí.
Entré en el barrio y caminé hasta poder girar a la derecha, entre dos edificios había un ligero hueco en el que cabía casi de milagro que se prolongaba como si de un pasillo estrecho se tratase, al acabar el hueco se llegaba a un lugar peculiar, se trataba de un espacio creado por todos los edificios viejos que daban al exterior; del tamaño de dos habitaciones, era realmente grande, nunca entendí porque pero había un pequeño rectángulo de cemento adosado a la pared de un edificio que Mara y yo usábamos de banco, ella se sentaba a la derecha y yo a la izquierda, cuando murió me seguí sentando a la izquierda, podía sentir como ella se sentaba en la derecha, como me apoyaba desde donde estuviese, solo con sentarme allí sentía su alma.

Era hora de pensar que iba a hacer a partir de ese momento, las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, estaba llorando y no quería, llorar tan solo me serviría para desahogarme, no solucionaría nada, me tumbe en el suelo, y me quede dormido.

Cuando desperté era de noche, hacía una noche preciosa,  me quede absorto viendo las estrellas en el cielo, no pensé, simplemente las veía y sentía la calma que me producía verlas, ese lugar en verdad era mágico, en ninguna parte del barrio había alumbrado público por lo que las estrellas se veían más nítidas que en cualquier lugar que conozca. De pronto oí una voz, una voz de mujer que no era capaz de reconocer.

-Todas estas estrellas… ¿Cuando el ser humano decidió sustituirlas por luces amarillas y artificiales para luchar contra su propio mal?

 No se dé quien era esa voz al principio me sorprendió escuchar a alguien en aquel lugar que consideraba mío, sin embargo la pregunta era bastante acertada, me dio que pensar pero al final la acabe respondiendo.

-El ser humano tiene miedo al no ver que pasa a su alrededor, además que unos que se consideran buenos aplican lo que llaman "moral y ética" en forma de leyes a los que las incumplen, para ello necesitan pervertir la noche colocando luces amarillas cada cierta distancia.

 Hubo un silencio durante un momento, y, de nuevo llegó otra pregunta.

-¿Que es la libertad, de verdad somos libres?

Decidí responder según mi forma de verlo.

 -No lo sé, pero... ¿en verdad alguien lo sabe? Todos hablan sobre la libertad, tenemos leyes que afirman que somos libres, mientras que estas mismas la acotan, pero, sin duda la que la destruye en su mayor parte es la sociedad, la sociedad le dice a todo el mundo como debe de comportase, como debe actuar, incluso lo que le debe de gustar, hay ciertas cosas que todo el mundo hace, no son vitales para sobrevivir, algunas van en contra de la supervivencia de la persona que las ejecuta, te pueden gustar, ser indiferentes u odiarlas pero las acabas haciendo. Puedes no hacerle caso a la sociedad, pero todo tiene un precio, el precio de salir de la sociedad y sus rigurosos parámetros es la soledad, por lo tanto puedes ser libre, por encima de leyes y de la sociedad, pero tu penitencia será la soledad, y ¿quién quiere tanta libertad cuando esta solo? Por eso limitamos nuestra libertad dándole parcelas a las leyes y a la sociedad.

Tras decir todo esto, y quedar a gusto llegó otro silencio, que duro más tiempo que el anterior, aquella voz volvió a sonar diciendo.

 -¿Y si un grupo de personas saliese de esa sociedad, tendrían libertad plena?

-Si salen de la sociedad, es porque se han dado cuenta de toda la libertad que les quita, si tienen un alto grado de tolerancia, sabiendo así respetar a los demás, su libertad no sería plena, necesitan normas para vivir, pero serían más libres que el resto, aunque no tendrían mas personas que las que están dentro de ese grupo, así que si tendrían cierto sentimiento de soledad

Esta pregunta si me había costado más responderla, ciertamente, quien quisiese que las estuviese formulando era distinta al resto.
Note como aquella persona se acercaba, se acerco a mí, agarro mi mano y tiro de mi, dejándome de pie, de ella solo podía ver como llevaba una sudadera, con la capucha puesta, dándole un toque distinto al resto.
-Soy Nanao, encantada, no tienes a donde ir, ¿verdad?, toma esto -era un mando con un botón en el centro-, sé que si te pido ahora que vengas conmigo me dirás que no, se que al final acabarás queriendo, así que púlsalo cuando lo tengas completamente decidido. Y después de decir esas palabras la chica desapareció.

No sabía qué hacer, aquellas últimas palabras antes de desaparecer me dejaron pensativo, ¿me conocería aquella chica? me había dado su nombre, Nanao… su nombre no me resultaba ni conocido, era la primera vez que lo oía, al igual que el mío, los dos eran raros. Ir con ella, no la conocía, ni siquiera sabía que pretendía con todas esas preguntas, preguntas tan bien elaboradas, que yo había contestado, puede ser que me recordasen a Mara, ella hacía esas mismas preguntas, las lanzaba al aire en realidad, y entre los dos las respondíamos, muchas veces ni hablábamos, estábamos los dos callados en aquel mismo lugar, pensativos.

Me quede un rato pensativo, en lo más profundo de mis recuerdos, necesitaba desahogarme de alguna forma, cogí el mp3 de mi mochila, y puse las canciones de los artistas más oscuras que encontré, amaba esa forma de desahogarme, simplemente las escuchaba y mis sentimientos se movían, sentía como todo el mundo me daba igual, me sentía especial, diferente, como podía acabar con todo el planeta, con todas sus convicciones con aquella sociedad absurda que apretaba y apretaba, me daba igual toda la gente, lo que me hiciesen, todo mi sufrimiento se transformaba en odio y no sé porque, pero me gustaba.


Toda aquella gente que me atacaba, que se reía a mis espaldas, incluso sin tener motivo alguno para hacerlo, no soportaba a ese atajo de imbéciles que se dedicaban a torturarme de todas las maneras posibles, a toda esa gente con sus sonrisas falsas, esa forma suya tan estúpida de verme, de intentar destruirme, la sociedad apretaba y apretaba, imponiendo su criterio, mientras yo tan solo pedía ser respetado, no, solo con no ser torturado me hubiese conformado, si tan solo tuviese un arma… No, ya estaba cruzando el límite de la cordura, tal vez solo fuese otra estupidez de la sociedad, querer proteger a los suyos, destruyendo a la vez su entorno, a los otros seres…  De todas formas daba igual, mientras pensaba todo esto ya había amanecido y tenía demasiada hambre; tenía que conseguir comida como fuese. 

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