domingo, 18 de enero de 2015

Capítulo 5

Mientras me veía incapaz de reaccionar a lo que sucedía ante mis ojos oí pasos. Durante todo este tiempo había estado distraído pero ahora me preocupaba menos el hecho de que no tenía a donde ir, aunque siguiese siendo así ya empezaba a asimilarlo de alguna forma.

Empecé a pensar al mismo tiempo que oía aquellos pasos desconocidos y la verdad era, que estaba desprotegido;  no sabía dónde estaba, no conocía de nada a aquella persona a la que estaba sosteniendo para que no se cayese. Sinceramente, si no me había costado el hecho de haberme acercado a Nanao era solo porque, de alguna forma, me recordaba a Mara. Pero esta vez pude recordar todo el dolor de mi corazón, quizás las palabras bonitas de Nanao fueran tan solo un engaño, un plan para destruirme más de lo que ya estaba. La ansiedad subió, comencé a respirar cada vez más fuerte, mientras sentía un gran dolor en el pecho. Me di cuenta de que seguía sujetando a Nanao, intenté dejarla suavemente en el suelo, pero no pude y cayó, de todas formas parecía estar bien, salí corriendo.

Corrí hasta estar seguro de encontrarme lejos de Nanao y del sonido de aquellos pasos infernales, ya no podía volver allí otra vez. Nanao me odiaría, es más, estaba seguro de que ya me odiaba. Era imposible que alguien llegase a sentir algo siquiera parecido a aprecio por mí, definitivamente, no servía para nada, era un desecho social.

La ansiedad seguía creciendo con cada pensamiento, a cada paso pese a estar lejos del peligro; necesitaba distraerme, como fuese, recordé que llevaba el MP3 en el bolsillo izquierdo de mi pantalón negro vaquero no muy oscuro. Yo era un chico muy delgado, derivado de no comer demasiado, con un pelo realmente negro, más que el carbón, algo largo pero no demasiado, destacaba mi flequillo que hacía varias puntas que incluso llegaban a cubrirme uno de mis ojos castaño oscuro. En cuanto a mi ropa era simple, debido a mi delgadez tenía la necesidad de llevar un cinturón sobre aquel pantalón para evitar que este se me cayese. Llevaba unas deportivas ya que de vez en cuando había que salir corriendo, además me resultaban cómodas, eran de color blanco y negro, una sudadera morada y negra por encima de una camiseta blanca remataban mi vestimenta.

Volviendo al tema cogí rápidamente mis cascos junto con el MP3 y me los puse mientras repetía para mí mismo "piensa en otra cosa, piensa en otra cosa", cuando conseguí encender el MP3 me puse la capucha de la sudadera, al mismo tiempo que subía el volumen de la música, como intento desesperado de callar mis pensamientos, pero no pareció dar resultado. Todo este tiempo había sido fuerte, no había llorado por nada; odiaba llorar, me hacía sentir estúpido, imbécil, un completo gilipollas, acabé cediendo, las lágrimas brotaron por mis ojos y bajaron por mi cara, cada una diciéndome lo patético que era, que era inservible, que pasase lo que pasase estaba solo, no podía confiar en nadie, que si me daban de hostias durante los recreos era porque verdaderamente lo merecía, cada puñetazo, cada patada…

Seguí llorando con mi estúpido temblar por miedo, por ansiedad, no quería existir, aquel mundo no tenía sentido. Había parado de correr con la primera lágrima, estaba tirado en el suelo llorando, quejándome de mi debilidad, del hecho de ser odiado por el mundo, de conocer lo que era verdadero dolor. Intenté volver a caminar, no debía de permitir que absolutamente nadie pudiese ver mi debilidad, eso me provocaría aún más dolor, me levanté e intente caminar, pero fui incapaz y caí automáticamente, tiré al suelo con lo que quedaba de mi cuerpo. Poco a poco mis lágrimas se fueron secando, mientras yo realizaba el mayor esfuerzo posible para intentar no pensar en lo que me estaba sucediendo, decidí dormirme para silenciar mis pensamientos aunque no tuviese sueño.

Me desperté, todavía llevaba puestos los cascos, que emitían por sus altavoces el sonido de una canción melancólica. Miré la hora en el MP3, tan solo había pasado una hora. Antes de que mi dolor volviese me quede observando a mi alrededor, el paisaje era muy distinto, la temperatura era realmente agradable pues era de día y el sol estaba en el cielo, radiante y yo estaba sobre una hierba Amarillenta. Podían vislumbrarse tulipanes amarillos y rojos e incluso alguno que otro morado. Verdaderamente era un paisaje precioso, distinto de lo que había podido ver por la noche, lo cual me extrañaba puesto que tampoco había caminado lo suficiente como para que aquel paisaje hubiese conseguido dar un cambio tan drástico.

Observé el paisaje un rato, he de decir que estaba completamente absorto, dada la impresión que en mí causaba aquel paisaje; por lo que no pude darme cuenta de que alguien se estaba acercando hacia mí, aún así si pude oír sus palabras.

 -Aquí estabas… Shinzu puede que haya sido algo brusca y directa contigo, no sé porque has salido corriendo pero, tranquilo, solo quiero que estés bien.

Aquello me sonó a patraña, aunque no lo fuera, era incapaz de confiar en ella, en cualquier ser humano para ser exactos, sabía que algún día me traicionarían o acabarían desapareciendo, siempre me aislaba para evitar el dolor que eso suponía y, si todo esto no pasase entonces de alguna forma yo acabaría haciendo daño, se acabarían distanciando de mi, cortarían la relación y todo volvería a su cauce.

Tenía que irme, salir corriendo hacia un lugar donde la soledad me consumiese hasta morir pero no pude, yo también quería ser aceptado por alguien, desde que Mara se había ido, todo fue a peor. ¡Malditos asesinos! , pensé queriéndolo gritar al cielo, me encontraba paralizado por el miedo. El dolor y la ansiedad seguían subiendo y subiendo mientras notaba como mis conductos lacrimales se llenaban de la sustancia que sale por el llanto, con el poco valor que tenía apenas pude decir, tartamudeando, sin mirar a Nanao a la cara y con un hilo de voz.

 -V-vete.

Pronunciar aquella simple palabra, un simple vete, supuso para mí comenzar a llorar sin control. Me encogí de piernas y agaché la cabeza ya no solo para que no me viese llorar, sino para no poder verla, ciertamente parecía otra persona distinta. Cada vez estaba más seguro de que aquella distracción había sido determinante a la hora de olvidar toda mi ansiedad y dolor mientras que el hecho de haber recordado los últimos instantes de vida de Mara reflejados en el desmayo repentino de Nanao, permitió que todo retornase. 

domingo, 11 de enero de 2015

Capítulo 4

-A que te refieres con "mi mundo"

-A que tu eres parte, eres parte de ese mundo que odia, que odia todo, en general, también estás harto ya, un mundo tan artificial que a todos odia, el odio, mueve nuestro mundo, ¿sabes?, sencillamente sentimientos positivos, alegría, amor… no existen en nosotros, ellos solo nos han transmitido su odio, no nos han dado nada mas, no le importamos a nadie, esperan que desaparezcamos de la faz de la tierra, que no molestemos, y nosotros mismos no queremos molestarnos en que nos ayuden las mismas personas que nos han hecho daño que en el fondo son todos… tan iguales, viven dentro de su sociedad repleta de complejos, de normas y si no las cumples se acabo, tu única salida es el suicidio, la muerte, nunca encontrarás ese sitio que tu corazón necesita con tanta fuerza, si te metes de lleno en esa sociedad sufrirás por no ser quien eres, tendrás que ocultarlo todo, tu pasado, tu identidad, maquillarlo todo por un puñado de sonrisas falsas… aún así, por lo menos si otras personas entienden tu dolor, podrás pasar el resto de tus días, ¿sabes cuantas personas verdaderamente pueden entender tu dolor? muy pocas, por eso… ven conmigo.

Durante su discurso Nanao tenía la voz temblorosa, no podía verle la cara pero parecía estar llorando, esas palabras tan ciertas le causaban dolor, un dolor insoportable, reconocer el hecho de que jamás encajaría, que siempre sería la marginada, la asocial… le entendía perfectamente.

-Has dicho que querías que fuera contigo, ¿no?, puedo asegurarlo, confío en ti, has dicho que era tu mundo, pero, en verdad… es nuestro mundo.

Después de eso no oí nada mas, hubo un silencio cuando; de pronto, Nanao agarró mi mano y tiro de ella, indicándome por donde tenía que seguirla.

Caminamos así un buen rato, su respiración se escuchaba entrecortada, no quería que supiese que estaba llorando aunque yo ya lo había notado desde hacía un rato.

Salimos por el estrecho callejón, caminamos varios metros y llegamos al monte, Nanao me hizo caminar un buen trecho hasta que llegamos a un lugar peculiar, parecía un muro, pero era completamente natural y se encontraba adosado a la ladera de la montaña. Nanao se paro delante y saco un artefacto extraño que yo fui incapaz de ver, debido a la oscuridad de la noche, el artefacto no parecía ser muy grande, algo más que la mano de Nanao, que lo pego al muro, luego hizo retroceder su brazo y lo volvió a pegar al muro, esta vez moviendo el brazo con fuerza, como si de un puñetazo se tratase. El artefacto se ilumino y nos arrastró a los dos hacia dentro, muy rápidamente, en ese momento perdí el conocimiento.

Cuando desperté estaba en una habitación, encima de una cama, la habitación solo estaba iluminada por la luz de la luna, aún era de noche, miré el reloj que había al lado de la cama, en una pequeña mesita, las 6:30, pronto se hará de día… no era momento para pensar en eso, no sabía dónde estaba, suponía que en casa de Nanao, poco a poco empezaba a recordar todo lo que había sucedido hasta entonces, me dolía la cabeza bastante y no entendía del todo que hacía allí, era algo extraño pasar de un monte a una habitación así sin más, no podía creer que la casa de Nanao quedase cerca de un lugar tan extraño como un monte.

Me levanté de la cama, aún me sentía algo mareado por la pérdida del conocimiento que había sufrido, caminé hasta dar con la puerta y la abrí despacio. Me encontraba ante una habitación oscura, parecía un salón corriente pero era difícil saberlo dada la falta de luz. A mi derecha pude ver que la luz natural entraba por tres ventanas y caminé hacia ellas, con la esperanza de poder saber donde estaba. Lo que descubrí fueron 2 grandes ventanas de cristal y una puerta, también de cristal que actuaba como ventana para que entrase la luz. Abrí aquella puerta y lo primero que vi fue la inmensa luna que estaba suspendida en el firmamento, con millones de estrellas a su alrededor, el suelo estaba cubierto de flores extrañas para mí, pero preciosas, todo ello harmonizado con pequeños puntitos de luz, que supuse que eran luciérnagas, aunque no estaba muy seguro. Todo ello hacía parecer al lugar el paisaje de un videojuego de fantasía.

La claridad era asombrosa para ser de noche, por lo que,  a lo lejos, pude observar una silueta humana a la que me acerqué y que resultó ser, por suerte, Nanao.

Nanao estaba tumbada sobre la hierba, con los ojos cerrados, aún así no parecía estar dormida, a los dos nos rodeaban las luciérnagas, me llamó la atención que, sobre la nariz de aquella misteriosa chica, se encontraba posada una mariposa blanca, lo que me hacía pensar aún pensar más en el hecho de que todo pareciese un juego de fantasía.

Nanao se levantó de pronto y, justo cuando me iba a hablar se desplomó sobre mí.

No supe que hacer en aquel momento, parecía estar muy pálida, y yo me estaba poniendo realmente nervioso, empecé a sentir impotencia y esa impotencia acabó derivando en ansiedad, mis pensamientos me recordaban lo inútil que era, comencé a respirar fuerte, cada vez más fuerte, no era incapaz de reaccionar, todo se parecía tanto a aquella última vez.