domingo, 11 de enero de 2015

Capítulo 4

-A que te refieres con "mi mundo"

-A que tu eres parte, eres parte de ese mundo que odia, que odia todo, en general, también estás harto ya, un mundo tan artificial que a todos odia, el odio, mueve nuestro mundo, ¿sabes?, sencillamente sentimientos positivos, alegría, amor… no existen en nosotros, ellos solo nos han transmitido su odio, no nos han dado nada mas, no le importamos a nadie, esperan que desaparezcamos de la faz de la tierra, que no molestemos, y nosotros mismos no queremos molestarnos en que nos ayuden las mismas personas que nos han hecho daño que en el fondo son todos… tan iguales, viven dentro de su sociedad repleta de complejos, de normas y si no las cumples se acabo, tu única salida es el suicidio, la muerte, nunca encontrarás ese sitio que tu corazón necesita con tanta fuerza, si te metes de lleno en esa sociedad sufrirás por no ser quien eres, tendrás que ocultarlo todo, tu pasado, tu identidad, maquillarlo todo por un puñado de sonrisas falsas… aún así, por lo menos si otras personas entienden tu dolor, podrás pasar el resto de tus días, ¿sabes cuantas personas verdaderamente pueden entender tu dolor? muy pocas, por eso… ven conmigo.

Durante su discurso Nanao tenía la voz temblorosa, no podía verle la cara pero parecía estar llorando, esas palabras tan ciertas le causaban dolor, un dolor insoportable, reconocer el hecho de que jamás encajaría, que siempre sería la marginada, la asocial… le entendía perfectamente.

-Has dicho que querías que fuera contigo, ¿no?, puedo asegurarlo, confío en ti, has dicho que era tu mundo, pero, en verdad… es nuestro mundo.

Después de eso no oí nada mas, hubo un silencio cuando; de pronto, Nanao agarró mi mano y tiro de ella, indicándome por donde tenía que seguirla.

Caminamos así un buen rato, su respiración se escuchaba entrecortada, no quería que supiese que estaba llorando aunque yo ya lo había notado desde hacía un rato.

Salimos por el estrecho callejón, caminamos varios metros y llegamos al monte, Nanao me hizo caminar un buen trecho hasta que llegamos a un lugar peculiar, parecía un muro, pero era completamente natural y se encontraba adosado a la ladera de la montaña. Nanao se paro delante y saco un artefacto extraño que yo fui incapaz de ver, debido a la oscuridad de la noche, el artefacto no parecía ser muy grande, algo más que la mano de Nanao, que lo pego al muro, luego hizo retroceder su brazo y lo volvió a pegar al muro, esta vez moviendo el brazo con fuerza, como si de un puñetazo se tratase. El artefacto se ilumino y nos arrastró a los dos hacia dentro, muy rápidamente, en ese momento perdí el conocimiento.

Cuando desperté estaba en una habitación, encima de una cama, la habitación solo estaba iluminada por la luz de la luna, aún era de noche, miré el reloj que había al lado de la cama, en una pequeña mesita, las 6:30, pronto se hará de día… no era momento para pensar en eso, no sabía dónde estaba, suponía que en casa de Nanao, poco a poco empezaba a recordar todo lo que había sucedido hasta entonces, me dolía la cabeza bastante y no entendía del todo que hacía allí, era algo extraño pasar de un monte a una habitación así sin más, no podía creer que la casa de Nanao quedase cerca de un lugar tan extraño como un monte.

Me levanté de la cama, aún me sentía algo mareado por la pérdida del conocimiento que había sufrido, caminé hasta dar con la puerta y la abrí despacio. Me encontraba ante una habitación oscura, parecía un salón corriente pero era difícil saberlo dada la falta de luz. A mi derecha pude ver que la luz natural entraba por tres ventanas y caminé hacia ellas, con la esperanza de poder saber donde estaba. Lo que descubrí fueron 2 grandes ventanas de cristal y una puerta, también de cristal que actuaba como ventana para que entrase la luz. Abrí aquella puerta y lo primero que vi fue la inmensa luna que estaba suspendida en el firmamento, con millones de estrellas a su alrededor, el suelo estaba cubierto de flores extrañas para mí, pero preciosas, todo ello harmonizado con pequeños puntitos de luz, que supuse que eran luciérnagas, aunque no estaba muy seguro. Todo ello hacía parecer al lugar el paisaje de un videojuego de fantasía.

La claridad era asombrosa para ser de noche, por lo que,  a lo lejos, pude observar una silueta humana a la que me acerqué y que resultó ser, por suerte, Nanao.

Nanao estaba tumbada sobre la hierba, con los ojos cerrados, aún así no parecía estar dormida, a los dos nos rodeaban las luciérnagas, me llamó la atención que, sobre la nariz de aquella misteriosa chica, se encontraba posada una mariposa blanca, lo que me hacía pensar aún pensar más en el hecho de que todo pareciese un juego de fantasía.

Nanao se levantó de pronto y, justo cuando me iba a hablar se desplomó sobre mí.

No supe que hacer en aquel momento, parecía estar muy pálida, y yo me estaba poniendo realmente nervioso, empecé a sentir impotencia y esa impotencia acabó derivando en ansiedad, mis pensamientos me recordaban lo inútil que era, comencé a respirar fuerte, cada vez más fuerte, no era incapaz de reaccionar, todo se parecía tanto a aquella última vez. 

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