El escondrijo quedaba algo lejos de mi casa, mejor dicho,
de el lugar en donde me encontraba, no me hacía gracia la idea de salir por el
día en lugar de salir por la noche pero necesitaba pensar, también necesitaba
dormir, era un ser nocturno; por la noche era más fácil caminar por aquella
ciudad sin encontrarte gente, y la luz del día me recordaba al colegio (al fin
y al cabo solo salía de día para ir a ese lugar).
Seguí caminando un
buen trecho, por los lugares menos transitados, si algún compañero del colegio
me encontrase el resultado sería fatal. Llegue a una calle vacía llena de
edificios abandonados, nadie vivía en ese barrio, estaba abandonado, -lo increíble
es que aun no esté lleno de okupas o drogadictos o lo que sea- pensé, para eso
ya había otro barrio más a mano para todo el mundo; mejor para mí.
Entré en el barrio y caminé hasta poder girar a la
derecha, entre dos edificios había un ligero hueco en el que cabía casi de
milagro que se prolongaba como si de un pasillo estrecho se tratase, al
acabar el hueco se llegaba a un lugar peculiar, se trataba de un espacio creado
por todos los edificios viejos que daban al exterior; del tamaño de dos
habitaciones, era realmente grande, nunca entendí porque pero había un pequeño rectángulo
de cemento adosado a la pared de un edificio que Mara y yo usábamos de banco,
ella se sentaba a la derecha y yo a la izquierda, cuando murió me seguí
sentando a la izquierda, podía sentir como ella se sentaba en la derecha, como
me apoyaba desde donde estuviese, solo con sentarme allí sentía su alma.
Era hora de pensar
que iba a hacer a partir de ese momento, las lágrimas comenzaron a brotar de
mis ojos, estaba llorando y no quería, llorar tan solo me serviría para
desahogarme, no solucionaría nada, me tumbe en el suelo, y me quede dormido.
Cuando desperté
era de noche, hacía una noche preciosa, me quede absorto viendo las
estrellas en el cielo, no pensé, simplemente las veía y sentía la calma que me
producía verlas, ese lugar en verdad era mágico, en ninguna parte del barrio
había alumbrado público por lo que las estrellas se veían más nítidas que en
cualquier lugar que conozca. De pronto oí una
voz, una voz de mujer que no era capaz de reconocer.
-Todas estas estrellas… ¿Cuando el ser humano decidió
sustituirlas por luces amarillas y artificiales para luchar contra su propio
mal?
No se dé quien era
esa voz al principio me sorprendió escuchar a alguien en aquel lugar que consideraba
mío, sin embargo la pregunta era bastante acertada, me dio que pensar pero al
final la acabe respondiendo.
-El ser humano tiene miedo al no ver que pasa a su
alrededor, además que unos que se consideran buenos aplican lo que llaman
"moral y ética" en forma de leyes a los que las incumplen, para ello
necesitan pervertir la noche colocando luces amarillas cada cierta distancia.
Hubo un silencio
durante un momento, y, de nuevo llegó otra pregunta.
-¿Que es la libertad, de verdad somos libres?
Decidí responder según mi forma de verlo.
-No lo sé, pero...
¿en verdad alguien lo sabe? Todos hablan sobre la libertad, tenemos leyes que
afirman que somos libres, mientras que estas mismas la acotan, pero, sin duda
la que la destruye en su mayor parte es la sociedad, la sociedad le dice a todo
el mundo como debe de comportase, como debe actuar, incluso lo que le debe de
gustar, hay ciertas cosas que todo el mundo hace, no son vitales para
sobrevivir, algunas van en contra de la supervivencia de la persona que las
ejecuta, te pueden gustar, ser indiferentes u odiarlas pero las acabas
haciendo. Puedes no hacerle caso a la sociedad, pero todo tiene un precio, el
precio de salir de la sociedad y sus rigurosos parámetros es la soledad, por lo
tanto puedes ser libre, por encima de leyes y de la sociedad, pero tu
penitencia será la soledad, y ¿quién quiere tanta libertad cuando esta solo?
Por eso limitamos nuestra libertad dándole parcelas a las leyes y a la
sociedad.
Tras decir todo
esto, y quedar a gusto llegó otro silencio, que duro más tiempo que el
anterior, aquella voz volvió a sonar diciendo.
-¿Y si un grupo de
personas saliese de esa sociedad, tendrían libertad plena?
-Si salen de la sociedad, es porque se han dado cuenta de
toda la libertad que les quita, si tienen un alto grado de tolerancia, sabiendo
así respetar a los demás, su libertad no sería plena, necesitan normas para
vivir, pero serían más libres que el resto, aunque no tendrían mas personas que
las que están dentro de ese grupo, así que si tendrían cierto sentimiento de
soledad
Esta pregunta si me había costado más responderla, ciertamente, quien
quisiese que las estuviese formulando era distinta al resto.
Note como aquella
persona se acercaba, se acerco a mí, agarro mi mano y tiro de mi, dejándome de
pie, de ella solo podía ver como llevaba una sudadera, con la capucha puesta, dándole
un toque distinto al resto.
-Soy Nanao, encantada, no tienes a donde ir,
¿verdad?, toma esto -era un mando con un botón en el centro-, sé que si te pido
ahora que vengas conmigo me dirás que no, se que al final acabarás queriendo, así
que púlsalo cuando lo tengas completamente decidido. Y después de decir esas
palabras la chica desapareció.
No sabía qué
hacer, aquellas últimas palabras antes de desaparecer me dejaron pensativo, ¿me
conocería aquella chica? me había dado su nombre, Nanao… su nombre no me
resultaba ni conocido, era la primera vez que lo oía, al igual que el mío, los
dos eran raros. Ir con ella, no la conocía, ni siquiera sabía que pretendía con
todas esas preguntas, preguntas tan bien elaboradas, que yo había contestado,
puede ser que me recordasen a Mara, ella hacía esas mismas preguntas, las
lanzaba al aire en realidad, y entre los dos las respondíamos, muchas veces ni hablábamos,
estábamos los dos callados en aquel mismo lugar, pensativos.
Me quede un rato
pensativo, en lo más profundo de mis recuerdos, necesitaba desahogarme de
alguna forma, cogí el mp3 de mi mochila, y puse las canciones de los artistas más
oscuras que encontré, amaba esa forma de desahogarme, simplemente las escuchaba
y mis sentimientos se movían, sentía como todo el mundo me daba igual, me
sentía especial, diferente, como podía acabar con todo el planeta, con todas
sus convicciones con aquella sociedad absurda que apretaba y apretaba, me daba
igual toda la gente, lo que me hiciesen, todo mi sufrimiento se transformaba en
odio y no sé porque, pero me gustaba.
Toda aquella gente que me atacaba, que se reía a mis
espaldas, incluso sin tener motivo alguno para hacerlo, no soportaba a ese
atajo de imbéciles que se dedicaban a torturarme de todas las maneras posibles,
a toda esa gente con sus sonrisas falsas, esa forma suya tan estúpida de verme,
de intentar destruirme, la sociedad apretaba y apretaba, imponiendo su
criterio, mientras yo tan solo pedía ser respetado, no, solo con no ser
torturado me hubiese conformado, si tan solo tuviese un arma… No, ya estaba
cruzando el límite de la cordura, tal vez solo fuese otra estupidez de la
sociedad, querer proteger a los suyos, destruyendo a la vez su entorno, a los
otros seres… De todas formas daba igual,
mientras pensaba todo esto ya había amanecido y tenía demasiada hambre; tenía
que conseguir comida como fuese.