Mientras me veía incapaz de reaccionar a lo que sucedía ante
mis ojos oí pasos. Durante todo este tiempo había estado distraído pero ahora me
preocupaba menos el hecho de que no tenía a donde ir, aunque siguiese siendo
así ya empezaba a asimilarlo de alguna forma.
Empecé a pensar al mismo tiempo que oía aquellos pasos
desconocidos y la verdad era, que estaba desprotegido; no sabía dónde estaba, no conocía de nada a
aquella persona a la que estaba sosteniendo para que no se cayese. Sinceramente,
si no me había costado el hecho de haberme acercado a Nanao era solo porque, de
alguna forma, me recordaba a Mara. Pero esta vez pude recordar todo el dolor de
mi corazón, quizás las palabras bonitas de Nanao fueran tan solo un engaño, un
plan para destruirme más de lo que ya estaba. La ansiedad subió, comencé a
respirar cada vez más fuerte, mientras sentía un gran dolor en el pecho. Me di
cuenta de que seguía sujetando a Nanao, intenté dejarla suavemente en el suelo,
pero no pude y cayó, de todas formas parecía estar bien, salí corriendo.
Corrí hasta estar seguro de encontrarme lejos de Nanao y del
sonido de aquellos pasos infernales, ya no podía volver allí otra vez. Nanao me
odiaría, es más, estaba seguro de que ya me odiaba. Era imposible que alguien
llegase a sentir algo siquiera parecido a aprecio por mí, definitivamente, no
servía para nada, era un desecho social.
La ansiedad seguía creciendo con cada pensamiento, a cada
paso pese a estar lejos del peligro; necesitaba distraerme, como fuese, recordé
que llevaba el MP3 en el bolsillo izquierdo de mi pantalón negro vaquero no muy
oscuro. Yo era un chico muy delgado, derivado de no comer demasiado, con un
pelo realmente negro, más que el carbón, algo largo pero no demasiado,
destacaba mi flequillo que hacía varias puntas que incluso llegaban a cubrirme
uno de mis ojos castaño oscuro. En cuanto a mi ropa era simple, debido a mi
delgadez tenía la necesidad de llevar un cinturón sobre aquel pantalón para
evitar que este se me cayese. Llevaba unas deportivas ya que de vez en cuando
había que salir corriendo, además me resultaban cómodas, eran de color blanco y
negro, una sudadera morada y negra por encima de una camiseta blanca remataban
mi vestimenta.
Volviendo al tema cogí rápidamente mis cascos junto con el
MP3 y me los puse mientras repetía para mí mismo "piensa en otra cosa,
piensa en otra cosa", cuando conseguí encender el MP3 me puse la capucha
de la sudadera, al mismo tiempo que subía el volumen de la música, como intento
desesperado de callar mis pensamientos, pero no pareció dar resultado. Todo
este tiempo había sido fuerte, no había llorado por nada; odiaba llorar, me
hacía sentir estúpido, imbécil, un completo gilipollas, acabé cediendo, las
lágrimas brotaron por mis ojos y bajaron por mi cara, cada una diciéndome lo
patético que era, que era inservible, que pasase lo que pasase estaba solo, no
podía confiar en nadie, que si me daban de hostias durante los recreos era
porque verdaderamente lo merecía, cada puñetazo, cada patada…
Seguí llorando con mi
estúpido temblar por miedo, por ansiedad, no quería existir, aquel mundo no
tenía sentido. Había parado de correr con la primera lágrima, estaba tirado en
el suelo llorando, quejándome de mi debilidad, del hecho de ser odiado por el
mundo, de conocer lo que era verdadero dolor. Intenté volver a caminar, no
debía de permitir que absolutamente nadie pudiese ver mi debilidad, eso me
provocaría aún más dolor, me levanté e intente caminar, pero fui incapaz y caí
automáticamente, tiré al suelo con lo que quedaba de mi cuerpo. Poco a poco mis
lágrimas se fueron secando, mientras yo realizaba el mayor esfuerzo posible
para intentar no pensar en lo que me estaba sucediendo, decidí dormirme para
silenciar mis pensamientos aunque no tuviese sueño.
Me desperté, todavía
llevaba puestos los cascos, que emitían por sus altavoces el sonido de una
canción melancólica. Miré la hora en el MP3, tan solo había pasado una hora.
Antes de que mi dolor volviese me quede observando a mi alrededor, el paisaje
era muy distinto, la temperatura era realmente agradable pues era de día y el
sol estaba en el cielo, radiante y yo estaba sobre una hierba Amarillenta.
Podían vislumbrarse tulipanes amarillos y rojos e incluso alguno que otro
morado. Verdaderamente era un paisaje precioso, distinto de lo que había podido
ver por la noche, lo cual me extrañaba puesto que tampoco había caminado lo suficiente
como para que aquel paisaje hubiese conseguido dar un cambio tan drástico.
Observé el paisaje un rato, he de decir que estaba
completamente absorto, dada la impresión que en mí causaba aquel paisaje; por
lo que no pude darme cuenta de que alguien se estaba acercando hacia mí, aún
así si pude oír sus palabras.
-Aquí estabas… Shinzu
puede que haya sido algo brusca y directa contigo, no sé porque has salido
corriendo pero, tranquilo, solo quiero que estés bien.
Aquello me sonó a patraña, aunque no lo fuera, era incapaz
de confiar en ella, en cualquier ser humano para ser exactos, sabía que algún
día me traicionarían o acabarían desapareciendo, siempre me aislaba para evitar
el dolor que eso suponía y, si todo esto no pasase entonces de alguna forma yo
acabaría haciendo daño, se acabarían distanciando de mi, cortarían la relación
y todo volvería a su cauce.
Tenía que irme, salir
corriendo hacia un lugar donde la soledad me consumiese hasta morir pero no
pude, yo también quería ser aceptado por alguien, desde que Mara se había ido,
todo fue a peor. ¡Malditos asesinos! , pensé queriéndolo gritar al cielo, me
encontraba paralizado por el miedo. El dolor y la ansiedad seguían subiendo y
subiendo mientras notaba como mis conductos lacrimales se llenaban de la
sustancia que sale por el llanto, con el poco valor que tenía apenas pude
decir, tartamudeando, sin mirar a Nanao a la cara y con un hilo de voz.
-V-vete.
Pronunciar aquella
simple palabra, un simple vete, supuso para mí comenzar a llorar sin control.
Me encogí de piernas y agaché la cabeza ya no solo para que no me viese llorar,
sino para no poder verla, ciertamente parecía otra persona distinta. Cada vez
estaba más seguro de que aquella distracción había sido determinante a la hora
de olvidar toda mi ansiedad y dolor mientras que el hecho de haber recordado
los últimos instantes de vida de Mara reflejados en el desmayo repentino de
Nanao, permitió que todo retornase.
No hay comentarios:
Publicar un comentario